Preparativos para la Festividad de Guadalupe
FIESTAS TRADICIONALES DE POTOSI

 

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Sin duda alguna que la penetración de la música y danza junto a las fiestas hacia el nuevo continente se realizó de manera planificada a partir del siglo XVI al XVIII, paralela a las actividades expresadas en la economía y otras manifestaciones del arte. Testimonios quedan de algunas fiestas realizadas en la colonia, por ejemplo el cronista Bartolomé Arzans de Orsúa y Vela que vivió en Potosí entre los años 1676 y 1736, que consultó muchos documentos y escribió los “Anales de la Villa Imperial de Potosí” y anota lo que sigue: Gobernaba la Villa Imperial, como undécimo corregidor, el General Don Pedro Córdova y Mejía, de la Orden de Calatrava, y los criollos quisieron hacer fiestas tan espléndidas y magnificas, como jamás las hubo en la ciudad. El buen corregidor holgose mucho de aquella idea para desplegar su boato y lucir el hábito de su orden, danzar con las alegres y hermosas damas, y regocijarse con las músicas y las corrida de toros y cañas.  Consentidos por la autoridad aquellos regocijos públicos, acordaron se celebraron después de Corpus.

Tan lujosos fueron los preparativos, que fue invitado el Presidente de la Real Audiencia de Chuquisaca y toda la nobleza de aquella ciudad para presenciar el programa de aquellas fiestas fue el siguiente: - seis días de comedia, tres bailes, dos torneos, seis noches de máscaras, corridas de toros, cañas y otros regocijos.

En la plaza se había levantado tablados en forma circular para ver los toros.  Preciosos palcos, rica y vistosamente decorados, estaban destinados para las damas, doncellas y caballeros.

Para describir algunas fiestas elegimos el año de 1555, el Potosí, cuando se nombraron “patronos” de la Villa al Santísimo Sacramento, la Virgen María y Santiago.  Según la descripción del cronista potosino Bartolomé Arzans de Orzúa y Vela, estas fiestas fueron iguales a las realizadas en la ciudad el año de 1556 para la jura de Felipe II.

En forma sucinta, la fiesta describe así: “Se hizo una procesión para la que se prepararon treinta altares, quince segundos, los atributos de la Virgen.  Se adornaron las calles con espejos, láminas, pinturas de santos y colgaduras.  El suelo con mantas de lana y se hizo una calle de enramada (Potosí carece de vegetación)... En la procesión entraron quince compañías de indios, doscientos indios vestidos según la corte inca; los reyes Incas hasta Atahuallpa y varias naciones de América con sus vestimentas.  Seguían danzantes indios y representaciones.  Luego se presentaron los españoles, cincuenta de ellos vestidos a lo cortesano, cuatro caballeros de la Orden de Santiago triunfante en Español y América (de buen pincel),.... Luego de los dos grupos mencionados, de indios y españoles, se presentaron los gremios portando los atributos de la Virgen, cuarenta indios con plumas tocando música (quenas, pututus, tarcas, pinquillos y tambores). Los mitayos del rey, dos mil tributarios el cerro y españoles mineros.  Era el centro del desfile un Carro Triunfal con el Cerro de Potosí y la Virgen de Plata encima; seguían las Ordenes religiosas, dos compañías de arcabuceros y dos compañías de alabarderos”.

Por la noche hubo “luminarias”.  Debiendo entenderse por luminarias, los hachones que alumbran las mascaradas y desfiles y, también los fuegos artificiales.

Después de este  primer día de festejos se dieron quince días de oficios divinos y ocho días de comedias.  Es importante indicar que de estas comedias, cuatro mostraban argumentos indígenas cuyos asuntos eran: “Manco Capac”, “Triunfos de Huayna Capac”, “Muerte de Huascar” y “Atahuallpa”. La última de estas obras persiste hasta nuestros días y se representa durante el Carnaval en la ciudad de Oruro

Para finalizar, hubo cinco días de toros, “Juegos de la Sortija” y una “Mascarada” cuya descripción es tan minuciosa o más que la descripción de la procesión.  En ella se representaron, en figuras vivas, todos los Incas desde Manco Capac a Sairi Tupac, los planetas con su iconografía mitológica y varios carros, entre ellos uno con el globo terráqueo, el cual, en la fiesta se abre para dejar de él, un mapa de América pintado.

Los carros descritos por el historiador potosino en las diferentes fiestas, son tan variados que resulta cansado e inútil describirlos, sólo cabe indicar que la temática de algunos de ellos queda fijada definitivamente, cosa que también ocurre con los conjuntos de máscaras.  El “bosque” y los “incas”, éstos últimos en forma de teatro, llegan hasta nuestros días en su versión popular.  Las sibilas pasan a las artes: pintura y escultura, y en esta fijación plástica, también llegan hasta nosotros.

Las descripciones un tanto fantásticas que hace Arzans de las fiestas, basándose en relatos y crónicas que hoy desconocemos, hacen que desconfiemos un tanto de ellas, es necesario recurrir a aquellas fiestas de las que él fue testigo presencial y de las cuales tenemos otros testimonios tanto escritos como pictóricos.  Arzans muere en 1736 y elegimos la fecha de 1716 para ejemplificar.  La ocasión es la entrada en la Villa Imperial de Diego Morcillo Rubio de Auñon, Arzobispo de La Plata y Virrey electo del Perú, quien se dirige a Lima a tomar posesión de su cargo.  Existe la descripción del historiador potosino y la versión pictórica en un  lienzo de Melchor Pérez de Holguín (hoy en el Museo de América de Madrid) mas la descripción oficial debida a la pluma del agustino Fray Juan de la Torre.  Sin recurrir a la minuciosa descripción del cronista y del relator, y sólo tomando en cuenta el lienzo veremos la entrada o recibimiento con el más importante arco triunfal aderezado para el efecto.  De los balcones cuelgan lienzos con motivos mitológicos lo que reitera la afirmación de una temática definitivamente fijada en estas fiestas.  En la parte alta, en dos escenas independientes, se muestran las solemnidades religiosas de la mañana siguiente y la mascarada nocturna.  

Arzans describe las luminarias y los fuegos artificiales hecho en Potosí en 1725 “ un poco más adelante del crepúsculo, continuándose el repique de campanas en todas las torres, se pusieron faroles y luces e hachas de cera en los balcones y tablados de la plaza y en los de toda la Villa. A la hora acostumbrada se dio principio a los regocijos con unos fuegos artificiales. Era la pieza un formidable castillo en cuyas almenas estaban unos leones y por remate un águila imperial, que todo disparó con mucho concierto, truenos, cohetes voladores, volcanes y ruedas. Consumidos éstos, salieron cuatro hombres (que llaman armados) cubiertos de pies a cabeza con pieles de carneros de la tierra y cargados de unas a manera de pirámides, llenas de cohetes, borrachudos, tronadores, penachos, triquitraques y ruedas, y con montantes de fuego en las manos comenzaron a caminar echando fuego ya las pirámides artificiales, corriendo y discurriendo a todas partes con mucha algaraza de toda la plaza y otras invenciones de cohetes y ruedas que corrían por unos cordeles de una parte a otra de la plaza (que llaman correos por la velocidad con que de ida y vuelta corren).

Las corridas de toros, complemento indispensable de las fiestas, merecen un estudio aparte; otro tanto puede decirse de los juegos de cañas y sortijas cuyos antecedentes deben buscarse en las justas y torneos de la Edad Media. Su vigencia en el Virreinato Peruano está demostrada, aunque al parecer no quedan vestigios de estas manifestaciones. Tan sólo la fiesta de Santa Bartolomé de Tinta, parece reflejar un esto de estos eventos. Allí vemos jinetes adornados en briosos caballos, a los que suben escoltados por dos modernos palafreneros, girando en torno a la plaza. Mulas adornadas con banderas completan el grupo.

América fue muy ostentosa en sus fiestas y pese a las restricciones de Felipe II, olvidadas ya en tiempo de su nieto, Felipe IV, gran aficionado a la pompa y boato.

Las fiestas indianas estuvieron ligadas al barroco y como otras expresiones de ese momento pervivieron hasta nuestros días, en una forma mestiza que merece ser estudiada detenidamente.

Extraido de Libro " FIESTAS TRADICIONALES DE POTOSI" de Cristobal Corso Cruz.